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Proponer, no imponer: Educación de la libertad

Educar en libertad para fomentar el descubrimiento de la misión de cada persona y el desarrollo de sus talentos.

Por Juan Francisco Vélez y María Luisa Estrada de V.
Fundadores de Protege tu corazón

“No estoy de acuerdo con lo que ustedes han planteado, a mi nada de esto me ha ocurrido…” nos decía un joven de 15 años al terminar una conferencia. El tema se había referido a las posibles consecuencias negativas de la actividad sexual antes del matrimonio y para muchos de los asistentes -más de 100 adolescentes de 3o de secundaria- la sensación era de desconcierto y hasta de frustración.

Este estudiante ejercía un liderazgo incuestionable entre sus compañeros y se atrevió a decir lo que pensaba con toda claridad. Hubo un silencio incómodo. En ese instante vino a nuestra mente el objetivo que nos habíamos propuesto como meta de nuestro trabajo: ¡hay que proponer, no imponer!

Mirándolo fijamente le dijimos: “Felicidades por tener la valentía de decir lo que piensas. Seguramente hay muchos aquí que están de acuerdo contigo pero no se atreven a expresarlo y tú lo has hecho. Se ve que ya has tomado una decisión, pero es importante recordarte algunas de esas consecuencias para que lo pienses de nuevo…”

Días después, los organizadores del evento nos pidieron disculpas porque ese alumno se había atrevido a contradecirnos en público. Inmediatamente respondimos: “Nos encanta que haya cuestionamientos. Dan pie para profundizar en el tema y sobre todo, ofrecen la oportunidad de hacer pensar a los alumnos para que tomen mejores decisiones”.  A continuación nos dijeron que al día siguiente el chico había acudido a la psicóloga del colegio para decirle: “Por qué no invitaron esos señores un año antes”.

Resulta más fácil para los maestros exponer sus ideas o conocimientos aspirando a que los alumnos acepten todo como corderos mansos. Sin embargo, “quien más educa es el que ayuda a descubrir el sentido de la vida de cada quien y a encauzar esfuerzos para lograr el fin propio de cada persona. No se dedica a uniformar a la gente, sino que educa según propuestas, ofrece de modo libre; habla en términos condicionales del tipo: si quieres crecer…”[1]

¿Qué tanto estamos estimulando la libertad? ¿Alentamos su sentido crítico? ¿Por qué los alumnos no nos cuestionan más? ¿Será pereza de pensar, timidez, miedo a quedar mal? O será comodidad de parte del maestro o no saber crear en el aula un ambiente de libertad.

Instruir es introducir en la mente del alumno todos los conocimientos que pueda almacenar en ella. Educar en cambio, es sacar del alumno lo mejor de sí mismo: los hábitos y las virtudes que lo hacen capaz de lograr el objetivo de la vida: ser feliz. No se trata de darle a las cosas un valor neutral. Ni todo da lo mismo, ni todo es igual. Cada comportamiento conlleva unas consecuencias y he aquí el efecto de la libertad: la posibilidad de  autorrealizarse o autodestruirse.

El siguiente caso, relatado por una madre refleja que cuando una persona actúa algo pasa: o mejora o empeora por dentro. Su hija de 16 años se emborracha, se excede en caricias con el novio y con chicos que apenas conoce. Decepcionada nos preguntó ¿Cómo puede hacernos esto si la hemos educado con valores? ¿Hasta dónde llegará? Y agregaba: muestra una doble cara, aparentando que todo sigue igual y no es así…

Educar significa guiar a los hijos para que acepten su misión en la vida y animarlos a que actúen en esa dirección. Enseñarles pacientemente cómo responder a la libertad que se tiene, es decir cómo vivirla responsablemente. También significa tener presente que son frágiles, que pueden tomar decisiones contrarias a lo que se espera de ellos, que se pueden equivocar… Ante un error, el papel primordial es animarlos a hablar y escucharlos atentamente para conocer los hechos y sus motivaciones, evitando juzgar precipitadamente. Y solo después opinar, y de nuevo sugerir, alentar, guiar… En una palabra: proponer el comportamiento correcto y dejar en libertad. De nada serviría que a esta chica le prohíban salir, o verse con el novio, o lo que es peor, que la encierren en su casa como en una burbuja para evitarle toda clase de peligros.

Poner normas (límites) desde la infancia enseña a los hijos a ponerse límites a sí mismos. Ser libres no consiste en no tener reglas, sino sujetarse a ellas por propia conveniencia. El que se impone límites respecto a los placeres, no estará atenazado por ellos y será más libre.  Renunciará voluntariamente a cosas agradables a cambio de no poner en riesgo su salud física o emocional. Será capaz de amar lo más alto, lo que verdaderamente vale la pena: su felicidad. “El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad”[2].

“Desde 1968 no se podía hablar de moral. Nos impusieron el relativismo: la idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos estudiantes. Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado, que no había nada sagrado, nada admirable. El slogan era vivir sin obligaciones y gozar sin trabas”[3]

Sigue latente la amenaza del relativismo que promueve el que cada quien haga lo que quiera, que no se le exija para que no se traumatice, que se manifieste tal cual es, que nada se le niegue, que goce la vida… Educar en libertad es un desafío fundamental de la educación. No se trata de dejar a los hijos o a los alumnos aprisionados por sus impulsos o emociones sin control, o a sus deseos o antojos. Se trata de enseñarles a ver los beneficios de elegir lo bueno para que lo busquen por sí mismos y lo disfruten.

Cada ser humano esta llamado a descubrir su misión y desarrollar su talento para hacer de este un mundo mejor. Pero es una decisión personal. En vista de la autonomía de la voluntad humana, quienes educamos solo podemos guiar, ayudar, ilustrar, animar, o proponer… Cuando imponemos, nos equivocamos.

Artículo publicado en la Revista Vanguardia Educativa, Año III, Número 7, Febrero de 2012

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[1] Juan Fernando Selles, “La persona humana, Parte II”, Universidad de la Sabana, Bogotá, 1998, pag. 180

[2] Benedicto XVI, “Mensaje para la jornada mundial de la paz: Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”,  Enero 1, 2012

[3] Nicolás Sarkozy, “Discurso en Bercy”, Abril 29 de 2007

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